domingo, 30 de agosto de 2009

CINE - ARTE Y COMUNICACIÓN- Código: Cb 215. lectura sugerida "Cómo ver cine"

El ejercicio del cine constituyó una serie de sistemas y de reglas que conciernen a la forma y el contenido, y que dio origen a los “géneros”. Estos son múltiples y hay diversas maneras de clasificarlos. Toda corriente que comienza manejando estructuras diferentes pero que acaba en fórmulas cristalizadas pasa a formar un “género”
Western, comedias, melodramas, documentales, son algunos ejemplos de “género”
El director – autor, así como el artista, (escritor, pintor…) crea gran parte de sus señales – mensajes fuera de las reglas. Filmar es para él una manera de comunicación y expresión. Sin embargo no producirá con total originalidad, siempre ha de tomar, consciente o inconscientemente poco o mucho de la tradición…
Para ver las películas de autor, hay que situarse, en primer lugar, sin perjuicios, con una actitud inicial de simpatía… hay mucho de nuevo, personal e íntimo, para que resulte un cine “fácil”.
Aquí también hay que hacer la salvedad de que no todo cine de autor es necesariamente buen cine.
El crítico de gusto seguro y gran cultura puede ayudar a comprender y gustar del cine que va más allá de lo que el espectador medio está acostumbrado a ver. Sin embargo, su labor no ha influido en la industria cinematográfica que sigue produciendo según sus intereses económicos.
La crítica debe ser ejercida a través del periodismo, pero éste comprende además dos aspectos: información y publicidad; esta última muchas veces aparece disfrazada de crítica, ya que productores y distribuidores prefieren la publicidad servil a la crítica inteligente…

Tomado del Cap 5 “Cómo ver cine” en “CINE Y COMUNICACIÓN”; Alicia Poloniato. Editorial Trillas.

CINE - ARTE Y COMUNICACIÓN- Código: Cb 215.

Opciones para el trabajo de análisis de una pelicula:
  • 1era opción Amelie de Jean-Pierre Jeunet   
  • 2da opción Oriana de FinaTorres  
                                                                                                                                                                     
                                                                                 

"Florentino y El Diablo" Copla - Folklore venezolano.

de Alberto Arvelo Torrealba


El reto

El coplero Florentino

por el ancho terraplén

caminos del Desamparo

desanda a golpe de seis.

Puntero en la soledad

que enlutan llamas de ayer,

macolla de tierra errante

le nace bajo el corcel.

Ojo ciego el lagunazo

sin garza, junco ni grey,

dura cuenca enterronada

donde el casco da traspié.

Los escuálidos espinos

desnudan su amarillez,

las chicharras atolondran

el cenizo anochecer.

Parece que para el mundo

la palma sin un vaivén.

El coplero solitario

vive su grave altivez

de ir caminando el erial

como quien pisa vergel.

En el caño de Las Ánimas

se para muerto de sed.

y en las patas del castaño

ve lo claro del jagüey.

El cacho de beber tira,

en agua lo oye caer;

cuando lo va levantando

se le salpican los pies,

pero del cuerno vacío

ni gota pudo beber.

Vuelve a tirarlo y salpica

el agua clara otra vez,

mas sólo arena sus ojos

en el turbio fondo ven.

Soplo de quema el suspiro,

paso llano el palafrén,

mirada y rumbo el coplero

pone para su caney,

cuando con trote sombrío

oye un jinete tras él.

Negra se le ve la manta,

negro el caballo también;

bajo el negro pelo'e guama

la cara no se le ve.

Pasa cantando una copla

sin la mirada volver:

—Amigo, por si se atreve,

aguárdeme en Santa Inés,

que yo lo voy a buscar

para cantar con usté.



Mala sombra del espanto

cruza por el terraplén.

Vaqueros de lejanía

la acompañan en tropel;

la encobijan y la borran

pajas del anochecer.

Florentino taciturno

coge el banco de través.

Puntero en la soledad

que enlutan llamas de ayer

parece que va soñando

con la sabana en la sien.

En un verso largo y hondo

se le estira el tono fiel:

Sabana, sabana, tierra

que hace sudar y querer,

parada con tanto rumbo,

con agua y muerta de sed,

una con mi alma en lo sola,

una con Dios en la fe;

sobre tu pecho desnudo

yo me paro a responder:

sepa el cantador sombrío

que yo cumplo con mi ley

y como canté con todos

tengo que cantar con él.

II

La porfía

Noche de fiero chubasco

por la enlutada llanura,

y de encendidas chipolas

que el rancho del peón alumbran.

Adentro suena el capacho,

afuera bate la lluvia;

vena en corazón de cedro

el bordón mana ternura;

no lejos asoma el río

pecho de sabana sucia;

más allá coros errantes,

ventarrón de negra furia,

y mientras teje el joropo

bandoleras amarguras

el rayo a la palma sola

le tira señeras puntas.

Súbito un hombre en la puerta:

indio de grave postura,

ojos negros, pelo negro,

frente dé cálida arruga,

pelo de guama luciente

que con el candil relumbra.

Un golpe de viento guapo

le pone a volar la blusa,

y se le ve jeme y medio

de puñal en la cintura.

Entra callado y se apuesta

para el lado de la música.

Oiga vale, ese es el Diablo.

—La voz por la sala cruza.

Mírelo cómo llegó

con tanto barrial y lluvia,

planchada y seca la ropa,

sin cobija ni montura.

Dicen que pasó temprano,

como quien viene de Nutrias,

con un oscuro bonguero

por el paso de Las Brujas.

Florentino está silbando

sones de añeja bravura

y su diestra echa a volar

ansias que pisa la zurda,

cuando el indio pico de oro

con su canto lo saluda.



EL DIABLO

Catire quita pesares

contésteme esta pregunta:

¿Cuál es el gallo que siempre

lleva ventaja en la lucha

y aunque le den en el pico

tiene picada segura?

FLORENTINO

Tiene picada segura

el gallo que se rebate

y no se atraviesa nunca,

bueno si tira de pie,

mejor si pica en la pluma.

EL DIABLO

Mejor si pica en la pluma.

Si sabe tanto de todo

diga cuál es la república

donde el tesoro es botín

sin dificultá ninguna.

FLORENTINO

Sin dificultá ninguna,

la colmena en el papayo

que es palo de blanda pulpa:

el que no carga machete

saca la miel con las uñas.

EL DIABLO

Saca la miel con las uñas.

Contésteme la tercera

si respondió la segunda,

y diga si anduvo tanta

sabana sin sol ni luna

quién es el que bebe arena

en la noche más oscura.

FLORENTINO

En la noche más oscura

no quiero ocultar mi sombra

ni me espanto de la suya.

Lo malo no es el lanzazo

sino quien no lo retruca:

tiene que beber arena

el que no bebe agua nunca.

EL DIABLO

El que no bebe agua nunca.

Así cualquiera responde

barajando la pregunta.

Si sabe dé su razón

y si no, no dé ninguna:

¿Quién mitiga el fuego amargo

en jagüey de arena pura,

quién mata la sed sin agua

en la soledad profunda?

FLORENTINO

En la soledad profunda

el pecho del medanal,

el romance que lo arrulla,

la conseja que lo abisma,

el ánima que lo cruza,

la noche que lo encobija,

el soplo que lo desnuda,

la palma que lo custodia,

el lucero que lo alumbra.

¿Qué culpa tengo señores

si me encuentra el que me busca?

EL DIABLO

Si me encuentra el que me busca

el susto lo descarea.

Falta un cuarto pá'la una

cuando el candil parpadea,

cuando el espanto sin rumbo

con su dolor sabanea,

cuando Florentino calla

porque se le va la idea,

cuando canta la pavita,

cuando el gallo menudea.

FLORENTlNO

Cuando el gallo menudea

la garganta se me afina

y el juicio se me clarea.

Yo soy como el espinito

que en la sabana florea:

le doy aroma al que pasa

y espino al que me menea.

EL DIABLO

Espino al que me menea.

No le envidio al espinito

las galas de que alardea:

cuando la candela pasa

la pata se le negrea.

Con plantaje y bulla de ala

no se cobra la pelea.

Vaya poniéndose alante

pá'que en lo oscuro me vea.

FLORENTINO

Pá'que en lo oscuro me vea.

Amigo no arrime tanto

que el bicho se le chacea.

Atrás y alante es lo mismo

pá'l que no carga manea.

El que va atrás ve pá'lante

y el que va alante voltea.

EL DIABLO

El que va alante voltea

a contemplar lo que sube

borrando lo que verdea:

en invierno el aguazal,

en verano la humarea.

Me gusta cantar al raso

de noche cuando ventea

porque así es como se sabe

quién mejor contrapuntea.

FLORENTINO

Quien mejor contrapuntea

hace sus tratos de día

y trabaja por tarea.

"¡Cójame ese trompo en la uña

a ver si taratatea!".

Ni que yo fuera lechuza

en campanario de aldea

para cantar en lo oscuro

con esta noche tan fea.

EL DIABLO

Con esta noche tan fea

una cosa piensa el burro

y otra el que arriba lo arrea.

¡Ay, catire Florentino!

escuche a quien lo previene:

déle tregua a la porfia

pá'que tome y se serene

si no quiere que le falle

la voz cuando se condene.

FLORENTINO

La voz cuando se condene.

Mientras el cuatro me afine

y la maraca resuene

no hay espuela que me apure

ni bozal que me sofrene,

ni quien me obligue a beber

en tapara que otro llene.

Coplero que canta y toca

su justa ventaja tiene:

toca cuando le da gana,

canta cuando le conviene.

EL DIABLO

Canta cuando le conviene.

Si su destino es porfiar

aunque llueva y aunque truene

le voy a participar,

amigo, que en este duelo

yo no le vengo a brindar

miel de aricas con buñuelo.

Si se pone malicioso

no me extraña su recelo,

que al que lo mordió macagua

bejuco le para el pelo.

FLORENTINO

Bejuco le para el pelo.

Contra un jiro atravesao

yo mi pollo ni lo amuelo.

Entre cantadores canto,

entre machos me rebelo,

entre mujeres me sobra

muselina y terciopelo,

cuando una me dice adiós

a otra le pido consuelo.

Desde cuando yo volaba

paraparas del rayuelo

vide con la noche oscura

la Cruz de Mayo en el cielo.

EL DIABLO

La Cruz de Mayo en el cielo.

A mí no me espantan sombras

ni con luces me desvelo:

con el sol soy gavilán

y en la oscuridá mochuelo,

familia de alcaraván

canto mejor cuando vuelo;

también como la guabina

si me agarra me le pelo,

también soy caimán cebao

que en boca'e caño lo velo.

FLORENTINO

Que en boca'e caño lo velo.

Me acordé de aquel corrío

que me lo enseñó mi abuelo:

Velando al que nunca pasa

el vivo se quedó lelo,

para caimán el arpón

para guabina el anzuelo,

patiquín que estriba corto

no corre caballo en pelo.

¿Con qué se seca la cara

el que no carga pañuelo?

¿Pá'qué se limpia las patas

el que va a dormí en el suelo?

EL DIABLO

El que va a dormí en el suelo

pega en la tierra el oío:

si tiene el sueño liviano

nunca lo matan dormío.

Los gallos están cantando,

escúcheles los cantíos,

los perros están aullando,

recuerde lo convenío.

"Zamuros de la Barrosa

del alcornocal del Frío

albricias pido señores

que ya Florentino es mío".

FLORENTINO

Que ya Florentino es mio.

¡–éngueres de Banco Seco!

¡taro-taros del Pionío!

Si usté dice que soy suyo

será que me le he vendío,

si me le vendí me paga

porque yo a nadie le fío.

Yo no soy rancho veguero

que le mete el agua el río,

yo no soy pájaro bobo

pá'estar calentando nío.

EL DIABLO

Pá'estar calentando nío.

No sé si es pájaro bobo

pero va por un tendío

con la fatiga del remo

en el golpe mal medío;

y en la orilla del silencio

se le anudará el tañío

cuando yo mande a parar

el trueno y el desafío.

FLORENTINO

El trueno y el desafío.

Me gusta escuchar el rayo

aunque me deje aturdío,

me gusta correr chubasco

si el viento lleva tronío.

Águila sobre la quema,

reto del toro bravío.

Cuando esas voces me llaman

siempre les he respondío.

¡Cómo me puede callar

coplero recién vestío!

EL DIABLO

Coplero recién vestío,

mano a mano y pecho a pecho

ando atizándome el brío

con el fuego del romance

que es don de mi señorío.

Relámpagos me alumbraron

desde el horizonte ardío

nariceando cimarrones

y sangrando a los rendíos

con la punta'e mi puñal

que duele y da escalofrío.

FLORENTINO

Que duele y da escalofrío...

Dáme campo pensamiento

y dáme rienda albedrío

pá'enseñarle al que no sabe

a rematar uh corrío.

Cimarrones hay que verlos,

de mautes no le porfío;

puñal, sáquelo si quiere

a ver si repongo el mío.

Duele lo que se perdió

cuando no se ha defendío.

EL DIABLO

Cuando no se ha defendío

lo que se perdió no importa

si está de pies el vencío.

porque el orgullo indomable

vale más que el bien perdío.

Por eso es que me lo llevo

con la nada por avío

en bongo de veinte varas

que tiene un golpe sombrío.

Y vuelvo a cambiarle el pie

a ver si topa el atajo.

FLORENTINO

A ver si topa el atajo.

Cuando se fajan me gusta

porque yo también me fajo.

"Zamuros de la Barrosa

del alcornocal de abajo:

ahora verán, señores,

al Diablo pasar trabajo".

EL DIABLO

Al Diablo pasar trabajo.

No miente al que no conoce

ni finja ese desparpajo,

mire que por esta tierra

no es primera vez que viajo,

y aquí saben los señores

que cuando la punta encajo

al mismo limón chiquito

me lo chupo gajo a gajo.

FLORENTINO

Me lo chupo gajo a gajo.

Usté que se alza el copete

y yo que se lo rebajo.

No se asusten compañeros,

déjenlo que yo lo atajo,

déjenlo que pare suertes,

yo sabré si le barajo;

déjenlo que suelte el bongo

pá'que le coja agua abajo;

antes que Dios amanezca

se lo lleva quien lo trajo;

alante el caballo fino,

atrás el burro marrajo.

¡Quién ha visto dorodoro

cantando con arrendajo!

Si me cambió el consonante

yo se lo puedo cambiar.

EL DIABLO

Yo se lo puedo cambiar.

Los graves y los agudos

a mí lo mismo me dan,

porque yo eché mi destino

sobre el nunca y el jamás.

¡Ay! catire Florentino,

cantor de pecho cabal,

qué tenebroso el camino

que nunca desandará,

sin alante, sin arriba,

sin orilla y sin atrás.

Ya no valen su baquía,

su fe ni su facultá

catire quitapesares

arrendajo y turupial.

FLORENTINO

Arrendajo y turupial.

De andar solo esa vereda

los pies se le han de secar,

y se le hará más profunda

la mala arruga en la faz;

porque mientras llano y cielo

me den de luz su caudal,

mientras la voz se me escuche

por sobre la tempestá,

yo soy quien marco mi rumbo

con el timón del cantar.

Y si al dicho pido ayuda

aplíquese esta verdá:

que no manda marinero

donde manda capitán.

EL DIABLO

Donde manda capitán

usted es vela caída,

yo altivo son de la mar.

Ceniza será su voz,

rescoldo de muerto afán

sed será su última huella

náufraga en el arenal,

humo serán sus caminos,

piedra sus sueños serán,

carbón será su recuerdo,

lo negro en la eternidá,

para que no me responda

ni se me resista más.

Capitán de la Tiniebla

es quien lo viene a buscar.

FLORENTINO

Es quien lo viene a buscar.

Mucho gusto en conocerlo

tengo señor Satanás.

Zamuros de la Barrosa

salgan del Arcornocal

que al Diablo lo cogió el día

queriéndome atropellar.

Sácame de aquí con Dios

Virgen de la Soledá,

Virgen del Carmen bendita,

sagrada Virgen del Real,

tierna Virgen del Socorro,

dulce Virgen de la Paz,

Virgen de la Coromoto,

Virgen de Chiquinquirá,

piadosa Virgen del Valle,

santa Virgen del Pilar,

Fiel Madre de los Dolores

dáme el fulgor que tú das.

¡San Miguel! dame tu escudo,

tu rejón y tu puñal,

Niño de Atocha bendito,

Santísima Trinidá.


(En compases de silencio

negro bongo que echa a andar.

¡Salud, señores! El alba

bebiendo en el paso real).

FIN

LECTURA NRO. 1 - ARTE Y COMUNICACIÓN- Código: Cb 215.

“EL ARTE Y LA COMUNICACIÓN”
OMAR CALABRESE
La semiótica considera todos los fenómenos culturales como fenómenos de comunicación. Y no sólo eso. Los considera también como procesos de significación. Como ya se ha dicho, un proceso comunicativo es, en efecto, el simple paso de una señal que tiene una fuente y que, a través de un emisor y a lo largo de un canal, llega a un destinatario. Pero esta condición sólo ratifica que la señal produce una reacción en el destinatario como respuesta a un estímulo, y no que la señal tenga la capacidad de significar algo. Cuando la comunicación se produce entre máquinas, por ejemplo, se tiene comunicación porque hay un pasaje de señales de una máquina a la otra y la segunda reacciona frente a esa señal, pero no se tiene significación. En cambio, cuando el destinatario es un ser humano (y no importa que lo sea la fuente: basta con que ésta emita mensajes construidos según reglas conocidas por el destinatario humano), estamos en presencia de un proceso de significación que requiere una interpretación por parte del destinatario mismo. En este sentido, tal como dice Eco en el Tratado de semiótica general (1975), "la semiótica tiene que ver con cualquier cosa que pueda ser asumida como signo. Es un signo toda cosa que pueda ser asumida como un sustituto significante de cualquier otra cosa. Esta otra cosa no debe existir necesariamente, pero debe subsistir de hecho en el momento en el cual el signo está en su lugar. En ese sentido, la semiótica es, en principio, la disciplina que estudia todo aquello que puede ser usado para mentir". A partir de estas definiciones, se puede decir que la semiótica tiene frente a sí un campo de intervención extremadamente amplio: se ocupará del lenguaje animal (partiendo de un límite no cultural hasta un límite superior y complejo), de la comunicación táctil, de los sistemas del gusto, de la paralingüística, de la semiótica médica, de cinésica y proxémica (gestos, posturas, distancias), de los lenguajes formalizados (álgebra, lógica; química, por ejemplo), de los sistemas de escritura, de los sistemas musicales, de las lenguas naturales, de las comunicaciones visuales, de las gramáticas narrativa y textual, de la lógica de las presuposiciones, de la tipología de la cultura, de la estética, de las comunicaciones de masa, de los sistemas ideológicos. De todo, si se quiere. Pero de todo siempre desde el punto de vista de la comunicación y de la significación.
En este punto, comienza a ser claro el significado del binomio "arte y comunicación". Quiero poner en claro que el arte, como condición de ciertas obras producidas con fines estéticos y de la producción de objetos con efecto estético, es un fenómeno de comunicación y de significación, y puede ser investigado como tal. Esto significa que tendremos que partir de algunas premisas:
a) que el arte sea un lenguaje;
b) que la cualidad estética, necesaria para que un objeto sea artístico, también pueda ser explicada como dependiente de la forma de comunicar de los objetos artísticos mismos;
c) que el efecto estético que es transmitido al destinatario también dependa de la forma en que son construidos los mensajes artísticos.
Es obvio que cada una de estas premisas crea problemas. En el curso de los últimos decenios, por cierto, cada una de ellas constituyó un tema de debate, a veces hasta extremadamente intenso. Por ejemplo: afirmar que el arte pueda ser analizado como fenómeno comunicativo ¿significa, quizá, que la comunicación (o mejor, las teorías que se refieren a la comunicación) puede explicar el arte? A una pregunta como ésta se puede contestar tanto afirmativa como negativamente. Si por "explicar el arte" se entiende dar cuenta de los fenómenos artísticos atribuyéndoles un juicio de valor, reconstruyendo las intenciones del artista, su psicología, su relación con la sociedad, la ubicación histórica de la obra y demás, la respuesta es no. Una teoría del arte sobre una base comunicacional no nos dice todo sobre el arte y, sobre todo, no se ocupa de la formulación de los juicios de valor. En cambio, si para "explicar el arte" se trata de dar cuenta de cómo están construidos sus objetos para crear un sentido, para manifestar efectos estéticos, para ser portadores de valores del gusto, y otros elementos más, entonces la respuesta será un sí. Y no sólo eso: el análisis del fenómeno artístico como hecho comunicativo podrá establecer científicamente otros tipos de disciplinas que están relacionadas con los interrogantes anteriores. Será capaz, por ejemplo, de mostrar cómo el mensaje artístico puede contener rasgos destinados a la propia interpretación. O cómo puede tratar el material lingüístico de manera de renovar los códigos existentes y producir innovaciones. O cómo en el mensaje existen caracteres portadores de valores estéticos. Y otras más. En otras palabras: el punto de vista de la comunicación nunca intentará decir si una obra de arte es "bella"; sin embargo, dirá cómo y por qué esa obra puede querer producir un efecto que consista en la posibilidad de que alguien le diga "bella". Y más aún: no tratará de explicar "lo que quería decir el artista", sino, más bien, "cómo la obra dice aquello que dice". En síntesis, para explicar las obras de arte en el sentido restrictivo expuesto anteriormente, el punto de vista de la comunicación quiere limitarse sólo al texto y no a los elementos exteriores a él (vida del artista, sucesos históricos, psicología de los participantes en el intercambio de la comunicación, intuición del crítico, "documentos" de la época, etc.). Naturalmente, es obvio que también está excluido todo concepto idealista sobre la "inefabilidad" de la obra de arte, es decir, sobre el hecho de que su significado sólo sea perceptible por medio de una relación espiritual casi de médium con el objeto. A pesar de todo esto, aún quedan problemas. Por ejemplo: no se da por descontado que el arte sea un lenguaje. Esta afirmación debe ser demostrada. Y sólo puede serlo en la medida en que se pueda verificar que las obras de arte responden a ciertos requisitos: que sean un "sistema"; que tengan coherencia respecto al funcionamiento general de los sistemas de signos; que estén constituidas por una forma y un contenido; que obedezcan a leyes estables de la comunicación misma; que todos los sujetos del acto lingüístico participen de los códigos eventuales en base a los cuales la obra comunica; que la reformulación evidente de los códigos (típica de las obras de arte) también tenga un fundamento explicable en el interior del sistema.
Por supuesto que los diferentes grupos y corrientes han contestado en forma diferente a la pregunta sobre si el arte es un lenguaje o no lo es. Y esto ha sucedido tanto en las escuelas propiamente semióticas y lingüísticas, como en las disciplinas que sólo marginalmente encararon el mismo problema desde diferentes puntos de vista. Por otra parte, una vez aceptada la idea, incluso con toda la variedad de posiciones, de que el arte es un lenguaje (y de que cada arte es un lenguaje), queda planteado el problema de cómo las artes se constituyen en sistemas lingüísticos. ¿Cada arte es un sistema autónomo y específico? ¿O cada una de las artes se diferencia por la parte significante, pero el significado siempre está producido de la misma manera? ¿Y cuál es la relación de cada "específico" eventual con un sistema general de comunicación y de significación? Y, finalmente, ¿cuál es la relación con el sistema lingüístico que conocemos mejor, la lengua natural? Son una serie de interrogantes a los que se intentará responder en forma clara y completa en lo que se refiere a las posiciones expresadas por las diferentes teorías, pero, como se verá, los interrogantes permanecen abiertos con mucha frecuencia. Es un hecho que la relación entre arte y comunicación, en el estado actual de los estudios, está muy lejos de ser definitivamente resuelta.
En: Omar Calabrese, El lenguaje del arte, Barcelona, Paidós, 1987.
Lecturas de Teoría literaria I.
http://sisbib.unmsm.edu.pe/Bibvirtual/libros/literatura/Lect_teoria_lit_I/Arte_y_comunicacion.htm

LECTURA NRO. 2 - ARTE Y COMUNICACIÓN- Código: Cb 215.

“La función social del Arte”
24/2/2004
A) ¿Es el arte transformador? Sin duda alguna, sí. ¿La expresión artística es también una forma de lucha por mejorar la situación social? El arte puede ser todo lo que uno quiera; aunque el mensaje político social resta libertad de creación, la creación en sí misma es reivindicación. No es un tinte, es o no es: “Arma cargada de futuro”.
¿La política constriñe la creación? En ese razonamiento hay una trampa. La política es todo. La ficción es ficción, y moralmente no tiene límites. Sin embargo, la ficción lleva ideas, mensajes...
Una cosa es que la política, entendida como actividad profesional, se defienda de la creación, y otra cosa es que el mensaje político, en el sentido de “asuntos de la Polis”, de intereses colectivos, pueda constreñir la creación.
Por otro lado, si bien es cierto que la imaginación, la creatividad, no tienen límites, el producto cultural llamado obra de arte nunca es neutro.
Toda creación tiene ideología, pero no por ello su fin ha de ser imponerla. No hablamos de imposición, sino de reflejo de la sociedad y voluntad de transformación. No es lo mismo manifestar la ideología a través del arte que hacer proselitismo. Un reportaje sobre el nazismo es bien distinto que una película pro nazi de Riefenstahl.
Para transformar no es necesario mostrar la ideología en bruto: con tener voluntad de hacer arte para mejorar y no para empeorar, es suficiente.
Aunque a algunos espectadores no les interesa la transformación consciente en la ficción, de todos modos se la inculcan. En algunas ocasiones la transformación se produce incluso sin que el autor la busque.
En cualquier caso, la ficción manifestada es una transformación personal de la realidad. Una mirada, un punto de vista, si se quiere. Aunque ello no ha de conllevar querer imponerla. No ha de confundirse exposición con proselitismo.
Lo creativo y progresista es mostrar para que luego se opine, compartiendo o no, para producir discusión. Algo más que el mero consumismo de entretenimiento, el cual está más ideologizado que el arte que se manifiesta abiertamente con una intención transformadora.
¿Es proselitismo hablar de un arte que esté o deba estar cargado de futuro? Más bien se trataría de ilusión por el progreso a través del arte. Nada hay de malo en divulgar ideas avanzadas o críticas al sistema imperfecto. Es bueno que el artista manifieste su visión del mundo.
¿Qué entendemos por progreso? ¿Tiene esta palabra connotaciones ideológicas concretas? Sin duda. Se trata de justicia social, de mejora de condiciones de vida. De, por ejemplo, abolición del esclavismo. Derechos Humanos. Cosas supuestamente aceptadas por los que se definen ideológicamente contrarios al progresismo y que nunca acaban aplicando. El arte no es más que el vehículo expresivo de estos principios.
Hay a quien le da lo mismo que el arte carezca de esas connotaciones. Quien afirma que el arte no tiene por qué ser vehículo de nada. Pero en realidad a esas personas no les da lo mismo ver “Raza” que “Bienvenido Mr. Marshall”.
La existencia de distintas formas de arte enriquece las miradas. El arte es vehículo de la expresión de quien lo realiza, siempre lleva algo dentro: el amor, la ilusión... Todo eso también es progreso.
Si bien es cierto que se puede ver, leer... una obra cuya ideología nos repugne y sin embargo, parecernos muy poética. Esa sería su parte buena. La parte donde cabe contrastar, opinar, reír, la ambigüedad, los puntos de vista... Nada es absoluto o de un color. Toda creación ha de llevar implícito algo positivo, en el sentido de mejorar las cosas, desde lo más pequeño hasta lo más tremendo. Una cárcel diseñada por Norman Foster, “La naranja mecánica”, un poema medieval, un relieve asirio en el que se despelleja a los habitantes de Nínive, un libro de Aleister Crowley, Harry el sucio... son ejemplos cargados de mensaje ideológico, que son perfectamente artísticos y de calidad, pero no tienen por qué hacer proselitismo. Foster hace una cárcel pero no por ello hace apología del delito para que la gente la habite. O “La naranja mecánica”, que es un alegato contra la violencia. El proselitismo estaría en quien se une, no en quien supuestamente “llama”.
Y al respecto de los ejemplos de tiempos pasados, hemos de tener en cuenta que la Historia es una disciplina para estudiarnos... y conservar la memoria. La memoria de la evolución. Evolución a mejor. Tesis, antítesis, síntesis.
Artículo generado de una conversación entre Luis Antonio Alarcón, Luis Miguel Ortego, Jesús Cuartero y Antonio Tausiet.
Fuente:
www.preterito.com
Revista aragonesa de patrimonio y cultura
http://seronoser.free.fr/preterito/lafuncionsocialdelarte.htm

B) A. Malraux desde el ámbito de la estética, considera que gracias al arte la civilización no se extinguirá jamás. En el ámbito de la sociología, V. Kavolis puede ver el arte como instrumento de cambio social. Finalmente, en el ámbito de la historiografía del arte, Herbert Read considera al arte como una fuerza unificadora y fuente de energía para la sociedad.

Para J. Duvignaud el arte es la posibilidad de ser en la vida y la existencia de las colectividades y de los individuos; para Alfredo de Paz el arte es la liberación de las prácticas de la vida cotidiana; para S. Marchán Fiz el arte no sólo es una fuerza creadora activa, sino una práctica social transformadora; para J. M. Bonet el arte contribuye a crear condiciones de cambio, aun sin protagonizar dicho cambio.

Asi como J. Duvignaud dice que no puede hablarse de una función universal del arte ni de una única función del arte, podemos decir que los dominios del arte son extensos, que su fuerza es intangible porque mientras que para Duvignaud el arte tiene el poder de la anticipación, por ser la sospecha de lo posible en la vida y la experiencia de las colectividades y de los individuos; para Octavio Paz, la experiencia poética (y podemos hablar de la experiencia artística), tiene el poder de la revelación, es decir, es la revelación de sí mismo que el hombre se hace a sí mismo y, para Lyotard, el arte tiene el poder de la redención, porque el arte libera al alma.
En el libro Proust was a neuroscientist (Proust era un neurólogo), del periodista Jonah Lehrer, se intenta demostrar cómo el arte es capaz de alcanzar un conocimiento verdaderamente científico sin necesidad de tubos de ensayo ni laboratorios. Incluso bastante antes de que la misma ciencia llegue a él.
De Whitman a Stravinsky, pasando por Proust, Virginia Woolf, Cezanne, Gertrude Stein o el chef Auguste Ecoffier. Lehrer repasa cómo todos ellos expusieron tesis realmente innovadoras para su época y, cómo décadas o siglos más tarde, se ha demostrado su autenticidad.
Cezanne estaba convencido de que nuestra visión, al igual que el arte, depende de muchos factores. Lo que nosotros vemos no es lo que verdaderamente está al alcance de nuestra mirada, sino que está condicionado por nuestros conocimientos o experiencias. Al igual que un pintor interpreta una obra, nosotros interpretamos el mundo y, desde que pasa por la retina hasta que el cerebro lo procesa, creamos una nueva realidad.
Marcel Proust, por su parte, mostraba en sus novelas cómo las memorias de sus personajes iban cambiando en función del momento y los sentimientos. Es decir, el cerebro las iba adaptando y modificando de manera que la memoria siempre sufría alteraciones.
El yo como ilusión
Algunos de los presupuestos quizá no parezcan hoy en día realmente novedosos, pero, en su tiempo, estas figuras demostraron ir contracorriente. El poeta estadounidense Walt Whitman, por ejemplo, se manifestó contrario al positivismo de la época, y aseguraba que mente y cuerpo están indisolublemente unidos.
Virginia Woolf, por su parte, estaba convencida de que el yo que percibimos es una ilusión y así lo plasmaba en sus escritos. El cocinero Auguste Eccofier se valió de su teoría -que el gusto es un 90% olfato- para hacer platos cada vez más apetitosos y la escritora George Eliot fue la primera en hablar de tesis cercanas a la neurogénesis o que el ADN nos condiciona.
Lo más sorprendente es cómo esas hipótesis que surgieron simplemente de la reflexión puramente artística tuvieron luego su reflejo en descubrimientos científicos. Las teorías gramaticales de Gertrude Stein fueron argumentadas por Noam Chomsky cincuenta años más tarde. El mismo tiempo que tardaron dos neurólogos para demostrar los presupuesto de Wolf. Su genialidad les llevó por caminos que científicamente parecían improbables. Pero el tiempo les dio la razón. 
http://www.ciudadsinlimites.org/index.php?option=com

LECTURA NRO. 3 - ARTE Y COMUNICACIÓN- Código: Cb 215.

“La singular definición del arte malo”, de Carlos Almonte
Viernes, octubre 19, 2007

Dando por superada la escabrosa discusión sobre la definición del arte, incluso de su existencia a priori [1], nos encontramos, acto seguido, con una nueva situación. Hace poco tiempo discurría, entre algún brebaje intoxicante y el fenómeno insondable del atardecer, acerca de aquel tema, peregrino a la vez que fascinante: ¿Qué es mal arte? ¿Qué implica esta categoría? ¿Es posible hablar de “arte malo”, así, a secas? Martín Cinzano, poeta, filósofo y teórico estético, interlocutor de aqueste extraño diálogo, se expresaba en duros términos sobre la cuestión: “¡Qué es mal arte, por favor, qué clase de patrañas son ésas! ¡Quién es ése, quiénes son ellos, quién soy yo o quién eres tú, quiénes somos todos para decidir lo que es bueno y lo que es malo en estos avatares!”.
Más allá del apasionamiento que provoca un asunto de cuño delirante -esencial y ab ovo delirante-, deberíamos plantearnos ciertas preguntas, y respuestas, con tal de metodizar el viento al aire, la brisa bajo la tormenta, las palabras dichas bajo un prisma interminable. ¿Qué es mal arte? ¿Un mal producto? ¿El producto expulsado de las manos, mente o voz, de un mal artista? ¿En dónde radica lo malo en el arte: en el producto, en el autor, en ambos? ¿Es un trazo débil, invisible, incoherente, inexistente? ¿En una palabra mal aconsejada, poco feliz en su contexto? ¿En una mala reorganización? ¿En una sintaxis alienada? ¿En el poco interés general de una obra? ¿Interés para quién? ¿En lo efímero que pueda resultar una obra? ¿En lo intrascendente? ¿En la incorrecta disposición de los elementos? ¿Quién decide qué es mal arte y qué buen arte? ¿Quién decide si una incrustación, de un elemento cualquiera, trazo, corchea, iteración, palabra, está bien o mal hecha? ¿Estamos obligados a creer en los dichos de quien decide las categorías de bueno y malo en una obra estética? Por otro lado, ¿la distribución en el arte es originada y esclarecida únicamente en base a conceptos de calidad estética?
Tal vez se debiera comenzar la discusión aplicando el término “belleza” a un resultado estético (también llamado obra de arte, o producto). Durante largo tiempo se consideró como forma de arte a la que intuía, o tendía hacia lo bello. Desde Aristóteles, en su Poética, hasta mediados del siglo XIX, todos hablan de lo bello como una categoría ineludible de la práctica que nos concierne. “A la manera como en los demás casos de reproducción por imitación, la unidad de la imitación resulta de la unidad del objeto, parecidamente en el caso de la trama o intriga: por ser reducción imitativa de una acción debe ser la acción una e íntegra, y los actos parciales estar unidos de modo que cualquiera de ellos que se quite o se mude de lugar se cuartee y se descomponga del todo, porque lo que puede estar o no estar en el todo, sin que en nada se eche de ver, no es parte del todo” [2].
En los últimos años estas categorías, de belleza, coherencia y consistencia, si bien se han mantenido, se han visto enriquecidas por derivaciones que adoptan incluso formas contrarias, como son: el fauvismo, el dodecafonismo, el Dadá, la escritura automática, el feísmo, la abstracción, etc. [3] Las definiciones aportadas por los artistas clásicos, anteriores y convivientes al decimonónico, suelen estar contaminadas por irreductibles aires de inocencia e idealismo. La tendencia, incluso actual, de algunos artistas de hablar pensando en el bronce, nos recuerda la cita de Flaubert: “les chefs-d’ouvres son bêtes” (las obras maestras son estúpidas), significando que una obra, mientras más aceptada y consensual sea en su calidad, más encerrada en sí misma está, dificultando o impidiendo el diálogo y la interactuación. No se puede influir ni penetrar en ella, acaso, con suerte en el artista, en su visión y opinión, en su “política”, diría Baudrillard. Matisse nos aporta otro dato: “Todo lo que no sea útil en el cuadro va en detrimento suyo”; “...cuando he encontrado la relación entre todos los matices, el resultado tiene que ser una viva armonía de matices, una armonía no muy diferente de la que posee una composición musical” [4].
Como se ve, parece imposible desprenderse del aserto subjetivo. Una vez más cabe la pregunta: ¿Quién decide lo que es útil, o no, en una pintura? Al momento de la producción, parece evidente decidir que el autor de la obra es quien decide. Pero en el afán totalitario (no será la última vez, sospecho, que emplee este término para referirme a estas cuestiones) de decidir lo que es arte bueno y arte malo, la respuesta ya no parece tan sencilla. Aún así, el sistema total del arte (crítica-recepción, producción-artista, distribución-dinero), al menos hasta el siglo XIX, implica coherencia, organicidad y respeto por los elementos presentes en la obra, por nimios que éstos puedan parecer. “Chéjov comentaba una vez: ‘si en el primer acto de un drama se ve un fusil colgado de la pared, ese fusil tiene que utilizarse en el último acto’. Finalmente, las novelas de vanguardia de nuestro siglo (el Ulises de Joyce, Los monederos falsos de Gide, el Doctor Faustus de Thomas Mann, La muerte de Virgilio de Hermann Broch, El sello indeleble de Elisabeth Langgässer, entre otras) han llegado a serlo, en su mayoría, tras ocho años de labor intensa, de sopesar y considerar cada movimiento y palabra, hasta alcanzar un extremo de la construcción orgánica” [5].
Kahler canoniza la organicidad compositiva de una obra, pero todavía no explica la dirección (o base) del sujeto que emite tal o cual juicio. Porque ese sujeto existe, siempre existe, y es quien ha dicho alguna vez (en la línea del tiempo) que existe un mal arte, y, por implicancia, un buen arte. (Convengamos, en honor al brillante análisis de Kahler, que él mismo acepta como posibilidad el caos y la anarquía al interior de una obra de arte).
Thomas Hardy va más allá al afirmar que “todo el secreto de la ficción –y del drama-, en su parte constructiva, se encuentra en la adecuación de las cosas insólitas a las cosas eternas y universales. El escritor que sabe con exactitud cuán excepcionales y cuán no excepcionales deben ser los acontecimientos que elabora en sus tramas posee la llave para el arte” [6]. La verdad es que decir algo así, leer algo así, o comentar algo así, a primera vista shockea. La grandilocuencia de los términos: “todo el secreto de la ficción se encuentra”, “cosas insólitas”, “cosas eternas y universales”, “que sabe con exactitud cuán excepcionales”, y “la llave para el arte”, puede provocar desvaríos diversos (en cuanto desvanecimiento), y, en la discusión larga, más bien aporta como broma y dato alternativo, que como verdad incontrarrestable. A Hardy se le perdona, a otro no. Una vez más nos encontramos en que los puntos referidos atingen y convergen, pero, y olvidándonos de la grandilocuencia e imposibilidad, está el problema del sujeto que decide. ¿Dónde está el sujeto que decide?
Veamos aún otra definición, esta vez de Stevenson: “La novela es una obra de arte no tanto por sus semejanzas inevitables con la vida como por las diferencias inconmensurables que la separan de ella” [7]; de la que podemos inferir un cierto ánimo de compejidad, de ciframiento, de hermetismo. Nos encontramos con un arte que expone lineal, rectamente, y otro que cifra y, por decirlo en romance actual, se da más vueltas. Es sabido el fulgo narrativo que tienen ciertos personajes (artistas, escritores) que se expresan de la manera más complicada que les es posible. Cifran cada coma, realizan maquiavélicas piruetas, engarzando una palabra aquí con otra alla, una referencia ignota, un pasado desconocido para todos, un barniz de alta cultura (o pintura gruesa, da igual) que, en casos, llega a confundir al propio autor, olvidando, éste, uno o más de los innumerables códigos y claves por él diseminados al interior -y exterior- de la obra. “La regla absoluta es devolver lo que se te ha dado. Nunca menos, siempre más. La regla absoluta del pensamiento es devolver el mundo tal como nos ha sido dado –ininteligible- y si es posible un poco más ininteligible” [8]. Cuestión que muchos, está claro, se toman al más exacto pie de la letra.
El arte es belleza. El arte es vida. El arte es comunicación. Tres lugares comunes que indican exactamente lo mismo, la imposibilidad. Eco se pregunta, ya desde una de sus portadas: “Lo que hoy llamamos arte, ¿ha sido y será siempre arte?”. Es decir, las definiciones van cambiando, más aún en un artículo “suntuario”, como es el arte en el azar capitalista. O, ¿el concepto “arte” es equiparable al concepto “vida”, “tiempo”, “muerte” y, por tanto, no debiera mutar, al menos en el corto plazo? La verdad es que el tiempo se ha encargado de hacer prevalecer alguna obra por sobre otra. Esto podría indicar un factor de análisis. Incluso obviando los sistemas distributivos, de prensa, galerías, editoriales y demases, que bien se podría sospechar que actúan basados en cuestiones de romanticismo personal y/o cercanías políticas (en el concepto amplio), más que en torno a pura estética. Y aún, si así fuera, ¿cómo podríamos confiar en aquel criterio por sobre otros?
Se podrá decir que una obra de arte es mala cuando está mal trabajada, hecha por encargo, a la rápida, cuando el entramado (mosaico) de citas es insuficiente (sobre todo en una obra conceptual, o postmoderna), cuando carece de “inteligencia”, cuando no produce nada (ni intelectual, ni emocionalmente), cuando... Pero finalmente llegaremos, indefectiblemente, a la misma inquietante conclusión: el arte malo no existe, lo que existe es la apreciación (más o menos influyente) de cierta persona que (por alguna razón) tiene el sitio adecuado para enjuiciar una obra y difundir (en mayor o menor medida) su opinión, haciéndola “creíble” para un cierto público interesado. Entonces, en esta “verdad ya difundida”, encontramos el muy aparatoso -y acomodaticio- modelo semántico de las buenas y las malas obras.
Tal vez Oscar Wilde se acerque a una improbable conclusión al afirmar que “una verdad deja de ser verdad cuando nadie cree en ella”; desligando, de esta forma, de la categoría de verdad a un hecho cualquiera (un evento u obra de arte, en este caso), y ubicando la afirmación en el sujeto que observa el hecho. Es éste, y no el evento en sí, quien decide si es verdad o no, tal o cual suceso. ¿Esto es evidente? ¿Es correcto? ¿Qué es correcto y qué no? ¿Cae un árbol en el bosque si nadie escucha su sonido? Si aceptamos esta afirmación podremos concluir que basta con que la persona “justa” le diga al artista que eso que ha hecho durante años (a un costo inapreciable, de dinero, de emocionalidad, de salud incluso), no es arte, o incluso peor, que es mal arte, para matar a un artista en vida. Tal aberración, hoy, no sólo es posible, sino que además pareciera ser aceptada y fomentada.
Los factores de análisis aumentan con el tiempo, pero todavía permanecen en el más oscuro fango de la subjetividad. El “¿quién decide?” no ha logrado salir de la discusión. Lo que existe es la apreciación más o menos efectiva de una obra. El poco o nulo acercamiento. La discriminación política, afectiva o emocional con respecto de una u otra obra, o artista. El desconocimiento de una técnica, escuela o movimiento. La incapacidad de establecer relaciones o de identificar sistemas de referencia. El poco interés del que decide o la inhabilidad para entender. Finalmente, la inhabilidad para entender.
Al parecer, y como corolario de una discusión eterna, convendremos en que la calidad de una obra es definida por un grupo de personas y su categoría es adscrita subjetivamente, en el método y en el origen. Para un grupo de personas (con sentidos comunes) una obra será buena, mientras que para otro grupo (con otros sentidos comunes) la misma obra será mala, o no tan buena. ¿Quién tiene la razón? Pues, los dos. ¿Quién impone sus criterios? Eso ya es otra cosa y tiene que ver con cuestiones de índole político, de influencias económicas, familiares, ideológicas, de circuitos de arte, galerías, itinerancias, muestras, museos, adjudicación de fondos públicos y privados, etc. Mientras más “respetable” sea el grupo que define lo bueno y lo malo (entiéndase “respetable” como cercano a los círculos de poder), mayor grado de influencia tendrá su opinión y, por ende, las obras que propone como “buenas” serán aceptadas como “buenas” por la mayoría (y, desde luego, por el espectador ignorante y snob). Y al revés, mientras más desconocido, desconectado, incorrecto sea un grupo, menor será su radio de acción e influencia, llegando más temprano o más tarde a una segura desaparición, o a un estado equivalente (grupos pequeños, degenerados o anarquistas, que finalmente pasan por “resentidos”, o algún otro tipo de descalificación definitiva, al decir del grupo oficial) [9].
En definitiva, es otra forma práctica del ya viejo juego que ha impuesto el Capital. Grupos de poder que imponen sus ideas versus grupos de mínimo, o nulo poder, que no imponen nada pero que resisten de manera estoica y tozuda –estúpida, a ratos- a la definición anterior. Así ha sido, y al parecer así será, por mucho más tiempo que el deseable. Lo único que resta, ante este panorama tan desolador, es el gesto individual, abandonarse a la deriva con la honestidad de un samurai, con el ánimo sellado hasta que soporte; huir, en términos de John Cage “de todo lo que pertenezca a la humanidad” y quedarse solo, en el medio del bosque, disfrutando, sin poderle contar a nadie, del sonido quebrajoso de un árbol milenario frente al viento, frente a la caída, frente a su vejez, frente a su desaparición. Soledad y estoicismo. Cage agrega: “no es un intento de producir un orden a partir del caos, ni se sugerir superaciones en la creación, es simplemente un modo de despertar a la verdadera vida”. Soledad y estoicismo hasta el final, tal como Bolaño, “salir y luchar sabiendo que serás derrotado, eso es la literatura”, y el arte en general, podríamos agregar. “No es el arte el que se salva, es el artista. No es el artista quien lo dice, es el arte, sea cuales sean sus lamentos o virtudes, quien tiene la última palabra”.
Notas
[1] Adscribo a la definición “intencional”, basada en el encuadre y conciencia estética; lo que provoca la diferencia entre un lindo paisaje y la acción que provoca en un pintor, músico o escritor; o, aún más claro, la diferencia entre el urinario y su posterior giro y reubicación “museica”.
[2] Aristóteles: Poética.

[3] Podríamos incluso mencionar a artistas como Dubuffet, Martín Ramírez, e incluso a Congo, el simio pintor, cuyas obras son tranzadas en miles de dólares.

[4] Ambas citas en: Robert Goldwater y Marco Treves (editores): Artists on Art, Nueva York, 1945

[5] Erich Kahler: La desintegración de la forma en las artes, Siglo XXI, Madrid, 1969

[6] Walter Allen (compilador): Writers on Writing, Nueva York, 1959

[7] Citado en: Jean Baudrillard: El crimen perfecto, Anagrama, Barcelona, 1996
[8] Jean Baudrillard: El crimen perfecto, Anagrama, Barcelona, 1996

[9] En este juego suelen ocurrir rarezas como la aparición de especímenes que logran invadir ambos espacios, logran un consenso y una aceptación más o menos general. Parten de un lado y llegan al otro, o viceversa, obligando a los círculos de poder, principalmente, a rendirse ante ellos (por admiración genuina o por oportunidades de negocio).
por dscntxt-3 a las 3:43 AM

* Almonte, Filosofía y Teoría
Fuente
Descontexto
http://descontexto.blogspot.com/2007/10/la-singular-definicin-del-arte-malo-de.html

LECTURA NRO. 4 - (1° parte) ARTE Y COMUNICACIÓN- Código: Cb 215.

“Poética de Aristóteles”  págs 1 y 2,