“La función social del Arte”
24/2/2004
A) ¿Es el arte transformador? Sin duda alguna, sí. ¿La expresión artística es también una forma de lucha por mejorar la situación social? El arte puede ser todo lo que uno quiera; aunque el mensaje político social resta libertad de creación, la creación en sí misma es reivindicación. No es un tinte, es o no es: “Arma cargada de futuro”.
¿La política constriñe la creación? En ese razonamiento hay una trampa. La política es todo. La ficción es ficción, y moralmente no tiene límites. Sin embargo, la ficción lleva ideas, mensajes...
Una cosa es que la política, entendida como actividad profesional, se defienda de la creación, y otra cosa es que el mensaje político, en el sentido de “asuntos de la Polis”, de intereses colectivos, pueda constreñir la creación.
Por otro lado, si bien es cierto que la imaginación, la creatividad, no tienen límites, el producto cultural llamado obra de arte nunca es neutro.
Toda creación tiene ideología, pero no por ello su fin ha de ser imponerla. No hablamos de imposición, sino de reflejo de la sociedad y voluntad de transformación. No es lo mismo manifestar la ideología a través del arte que hacer proselitismo. Un reportaje sobre el nazismo es bien distinto que una película pro nazi de Riefenstahl.
Para transformar no es necesario mostrar la ideología en bruto: con tener voluntad de hacer arte para mejorar y no para empeorar, es suficiente.
Aunque a algunos espectadores no les interesa la transformación consciente en la ficción, de todos modos se la inculcan. En algunas ocasiones la transformación se produce incluso sin que el autor la busque.
En cualquier caso, la ficción manifestada es una transformación personal de la realidad. Una mirada, un punto de vista, si se quiere. Aunque ello no ha de conllevar querer imponerla. No ha de confundirse exposición con proselitismo.
Lo creativo y progresista es mostrar para que luego se opine, compartiendo o no, para producir discusión. Algo más que el mero consumismo de entretenimiento, el cual está más ideologizado que el arte que se manifiesta abiertamente con una intención transformadora.
¿Es proselitismo hablar de un arte que esté o deba estar cargado de futuro? Más bien se trataría de ilusión por el progreso a través del arte. Nada hay de malo en divulgar ideas avanzadas o críticas al sistema imperfecto. Es bueno que el artista manifieste su visión del mundo.
¿Qué entendemos por progreso? ¿Tiene esta palabra connotaciones ideológicas concretas? Sin duda. Se trata de justicia social, de mejora de condiciones de vida. De, por ejemplo, abolición del esclavismo. Derechos Humanos. Cosas supuestamente aceptadas por los que se definen ideológicamente contrarios al progresismo y que nunca acaban aplicando. El arte no es más que el vehículo expresivo de estos principios.
Hay a quien le da lo mismo que el arte carezca de esas connotaciones. Quien afirma que el arte no tiene por qué ser vehículo de nada. Pero en realidad a esas personas no les da lo mismo ver “Raza” que “Bienvenido Mr. Marshall”.
La existencia de distintas formas de arte enriquece las miradas. El arte es vehículo de la expresión de quien lo realiza, siempre lleva algo dentro: el amor, la ilusión... Todo eso también es progreso.
Si bien es cierto que se puede ver, leer... una obra cuya ideología nos repugne y sin embargo, parecernos muy poética. Esa sería su parte buena. La parte donde cabe contrastar, opinar, reír, la ambigüedad, los puntos de vista... Nada es absoluto o de un color. Toda creación ha de llevar implícito algo positivo, en el sentido de mejorar las cosas, desde lo más pequeño hasta lo más tremendo. Una cárcel diseñada por Norman Foster, “La naranja mecánica”, un poema medieval, un relieve asirio en el que se despelleja a los habitantes de Nínive, un libro de Aleister Crowley, Harry el sucio... son ejemplos cargados de mensaje ideológico, que son perfectamente artísticos y de calidad, pero no tienen por qué hacer proselitismo. Foster hace una cárcel pero no por ello hace apología del delito para que la gente la habite. O “La naranja mecánica”, que es un alegato contra la violencia. El proselitismo estaría en quien se une, no en quien supuestamente “llama”.
Y al respecto de los ejemplos de tiempos pasados, hemos de tener en cuenta que la Historia es una disciplina para estudiarnos... y conservar la memoria. La memoria de la evolución. Evolución a mejor. Tesis, antítesis, síntesis.
Artículo generado de una conversación entre Luis Antonio Alarcón, Luis Miguel Ortego, Jesús Cuartero y Antonio Tausiet.
Fuente:
www.preterito.com
Revista aragonesa de patrimonio y cultura
http://seronoser.free.fr/preterito/lafuncionsocialdelarte.htm
http://seronoser.free.fr/preterito/lafuncionsocialdelarte.htm
B) A. Malraux desde el ámbito de la estética, considera que gracias al arte la civilización no se extinguirá jamás. En el ámbito de la sociología, V. Kavolis puede ver el arte como instrumento de cambio social. Finalmente, en el ámbito de la historiografía del arte, Herbert Read considera al arte como una fuerza unificadora y fuente de energía para la sociedad.
Para J. Duvignaud el arte es la posibilidad de ser en la vida y la existencia de las colectividades y de los individuos; para Alfredo de Paz el arte es la liberación de las prácticas de la vida cotidiana; para S. Marchán Fiz el arte no sólo es una fuerza creadora activa, sino una práctica social transformadora; para J. M. Bonet el arte contribuye a crear condiciones de cambio, aun sin protagonizar dicho cambio.
Asi como J. Duvignaud dice que no puede hablarse de una función universal del arte ni de una única función del arte, podemos decir que los dominios del arte son extensos, que su fuerza es intangible porque mientras que para Duvignaud el arte tiene el poder de la anticipación, por ser la sospecha de lo posible en la vida y la experiencia de las colectividades y de los individuos; para Octavio Paz, la experiencia poética (y podemos hablar de la experiencia artística), tiene el poder de la revelación, es decir, es la revelación de sí mismo que el hombre se hace a sí mismo y, para Lyotard, el arte tiene el poder de la redención, porque el arte libera al alma.
Para J. Duvignaud el arte es la posibilidad de ser en la vida y la existencia de las colectividades y de los individuos; para Alfredo de Paz el arte es la liberación de las prácticas de la vida cotidiana; para S. Marchán Fiz el arte no sólo es una fuerza creadora activa, sino una práctica social transformadora; para J. M. Bonet el arte contribuye a crear condiciones de cambio, aun sin protagonizar dicho cambio.
Asi como J. Duvignaud dice que no puede hablarse de una función universal del arte ni de una única función del arte, podemos decir que los dominios del arte son extensos, que su fuerza es intangible porque mientras que para Duvignaud el arte tiene el poder de la anticipación, por ser la sospecha de lo posible en la vida y la experiencia de las colectividades y de los individuos; para Octavio Paz, la experiencia poética (y podemos hablar de la experiencia artística), tiene el poder de la revelación, es decir, es la revelación de sí mismo que el hombre se hace a sí mismo y, para Lyotard, el arte tiene el poder de la redención, porque el arte libera al alma.
En el libro Proust was a neuroscientist (Proust era un neurólogo), del periodista Jonah Lehrer, se intenta demostrar cómo el arte es capaz de alcanzar un conocimiento verdaderamente científico sin necesidad de tubos de ensayo ni laboratorios. Incluso bastante antes de que la misma ciencia llegue a él.
De Whitman a Stravinsky, pasando por Proust, Virginia Woolf, Cezanne, Gertrude Stein o el chef Auguste Ecoffier. Lehrer repasa cómo todos ellos expusieron tesis realmente innovadoras para su época y, cómo décadas o siglos más tarde, se ha demostrado su autenticidad.
Cezanne estaba convencido de que nuestra visión, al igual que el arte, depende de muchos factores. Lo que nosotros vemos no es lo que verdaderamente está al alcance de nuestra mirada, sino que está condicionado por nuestros conocimientos o experiencias. Al igual que un pintor interpreta una obra, nosotros interpretamos el mundo y, desde que pasa por la retina hasta que el cerebro lo procesa, creamos una nueva realidad.
Marcel Proust, por su parte, mostraba en sus novelas cómo las memorias de sus personajes iban cambiando en función del momento y los sentimientos. Es decir, el cerebro las iba adaptando y modificando de manera que la memoria siempre sufría alteraciones.
El yo como ilusión
Algunos de los presupuestos quizá no parezcan hoy en día realmente novedosos, pero, en su tiempo, estas figuras demostraron ir contracorriente. El poeta estadounidense Walt Whitman, por ejemplo, se manifestó contrario al positivismo de la época, y aseguraba que mente y cuerpo están indisolublemente unidos.
Virginia Woolf, por su parte, estaba convencida de que el yo que percibimos es una ilusión y así lo plasmaba en sus escritos. El cocinero Auguste Eccofier se valió de su teoría -que el gusto es un 90% olfato- para hacer platos cada vez más apetitosos y la escritora George Eliot fue la primera en hablar de tesis cercanas a la neurogénesis o que el ADN nos condiciona.
Lo más sorprendente es cómo esas hipótesis que surgieron simplemente de la reflexión puramente artística tuvieron luego su reflejo en descubrimientos científicos. Las teorías gramaticales de Gertrude Stein fueron argumentadas por Noam Chomsky cincuenta años más tarde. El mismo tiempo que tardaron dos neurólogos para demostrar los presupuesto de Wolf. Su genialidad les llevó por caminos que científicamente parecían improbables. Pero el tiempo les dio la razón.
http://www.ciudadsinlimites.org/index.php?option=com
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